Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2004.
Resumen
- 01/06/2004 11:38 - Aire
- 02/06/2004 13:59 - Colapso
- 03/06/2004 13:06 - Amigos
- 06/06/2004 23:06 - Siesta
- 08/06/2004 18:19 - Melancolía
- 11/06/2004 12:39 - Tiempos de juego y engaño
- 15/06/2004 10:59 - Abstención
- 23/06/2004 10:14 - Modelo para armar
- 25/06/2004 08:58 - Museo
- 29/06/2004 13:14 - Interiores
01/06/2004
Aire
Me voy quedando atrás, actualizando interpretaciones, cercado por un espacio caliente (churros y grasas calientes) y una guerrilla de halógenos enfermos. El aire acondicionado no funciona; la proximidad de todos estos cuerpos (dispuestos en categorías de utilidad y eficacia) me molesta profundamente, escalonadamente; no creo que lleguemos a entendernos. ¡Si al menos pudiéramos comunicarnos desde el sudor desnudo, libre de ropa interior, libre de símbolos! ¿Para cuando una máquina de comunicar sudores, una máquina de gestionar venenos? Acaban de prohibir la carga y descarga en la autopista de las comunicaciones. ¡Vaya putada! El paraíso: esto está que arde.
Este año voy a pasarlo muy mal; siempre tengo en mente la ilusión de la escapada, la esperanza de un armisticio, pero este año se ha adelantado bastante. ¿Cuánto tiempo me queda para intentar acabar con el tiempo? ¿Alguien lo sabe? ¿Cuánto puede aguantar un cuerpo? Me consuelo (al menos) con las apuestas; me gusta pensar en ello. Ya sé que las vacaciones no son más que la prolongación del esfuerzo, el trabajo (una nueva versión del trabajo) disimulado bajo máscaras de cera; pero uno rompe brevemente con la rutina, se enfrenta con nuevos molinos de viento, sale a la carretera. ¡Oh, Santo Kerouac, en capilla! ¡On The Road, please: ya que abandonamos el alcohol (a la fuerza) y abrazamos el asfalto, que alguien nos lo sirva en vena, bien caliente, cubierto de literatura; que no me priven del levante ni de las drogas ferroviarias!
Ya tengo preparados los mapas: pedazos de graffiti y alfileres de colores. En la calle larga (¡qué curioso, yo nací en la calle corta!), en el número diez, he levantado una torre, una marca que señala, indistintamente, el principio y el final de este viaje. Fernando Quiñones y las Coplas de Luis El Mula. El toro, que también huele a taberna, y el vaporcito en El Puerto. El mes de Agosto (si no he muerto antes), allí, en Chiclana de la Frontera. ¡Qué quieren que le haga! ¡Aunque quisiera, no puedo evitarlo! Esto es lo que hay, no sirve darle más vueltas. ¡Que suenen los clarines! Yo sólo viajo, cuando me dejan y puedo, para hacer literatura.
FUNDAMENTO:
Luis El Muía se aburría, se aburría y se fue.
Fernando Quiñones. Coplas de Luis El Mula.
Este año voy a pasarlo muy mal; siempre tengo en mente la ilusión de la escapada, la esperanza de un armisticio, pero este año se ha adelantado bastante. ¿Cuánto tiempo me queda para intentar acabar con el tiempo? ¿Alguien lo sabe? ¿Cuánto puede aguantar un cuerpo? Me consuelo (al menos) con las apuestas; me gusta pensar en ello. Ya sé que las vacaciones no son más que la prolongación del esfuerzo, el trabajo (una nueva versión del trabajo) disimulado bajo máscaras de cera; pero uno rompe brevemente con la rutina, se enfrenta con nuevos molinos de viento, sale a la carretera. ¡Oh, Santo Kerouac, en capilla! ¡On The Road, please: ya que abandonamos el alcohol (a la fuerza) y abrazamos el asfalto, que alguien nos lo sirva en vena, bien caliente, cubierto de literatura; que no me priven del levante ni de las drogas ferroviarias!
Ya tengo preparados los mapas: pedazos de graffiti y alfileres de colores. En la calle larga (¡qué curioso, yo nací en la calle corta!), en el número diez, he levantado una torre, una marca que señala, indistintamente, el principio y el final de este viaje. Fernando Quiñones y las Coplas de Luis El Mula. El toro, que también huele a taberna, y el vaporcito en El Puerto. El mes de Agosto (si no he muerto antes), allí, en Chiclana de la Frontera. ¡Qué quieren que le haga! ¡Aunque quisiera, no puedo evitarlo! Esto es lo que hay, no sirve darle más vueltas. ¡Que suenen los clarines! Yo sólo viajo, cuando me dejan y puedo, para hacer literatura.
FUNDAMENTO:
Luis El Muía se aburría, se aburría y se fue.
Fernando Quiñones. Coplas de Luis El Mula.
01/06/2004 11:38 #. Hay 6 comentarios.
02/06/2004
Colapso
El grito de Tarzán fue una combinación de diversas grabaciones y efectos electrónicos. Johnny Weissmuller se limitaba a abrir la boca en play-back, aunque terminaría aprendiendo a imitar su propio grito y a doblarse a sí mismo algunos años después. Al final de su vida, poco antes de morir en México, ofrecía lamentables exhibiciones estentóreas de su famoso grito, incluso cuando le entrevistaban los periodistas. También aterrorizaba a las enfermeras del hospital donde lo recluyeron aullando sin control alguno.FUNDAMENTO:
A falta de otros, pueda aquí la escritura tener valores curativos sin enfangarse en el sentido, tan común, ni en la cursilería hasta las cejas. O que se limite a reflejar, tal cual, eso que acaba de decirme, al pasar, una portera asturiana: “No, este año, aquí, mucho no llovió”.
José Miguel Ullán.
Aullando en el desierto.
02/06/2004 13:59 #. Hay 1 comentario.
03/06/2004
Amigos
En muy poco tiempo, y en una par de ocasiones, he chocado contra la misma cita; esa cita de Jules Renard que dice que no hay amigos, que sólo hay momentos de amistad. La utilizaba Arcadi Espada, aquí en la Red, en la revista electrónica Ojos de papel, en una entrevista concedida a Justo Serna. (Con independencia de los recurrentes ataques de soledad –añadía Espada- pienso que cuando se levante un enemigo, en el mismo momento, y al otro extremo, surge un amigo); después se lo leí a Luis Antonio de Villena, en el suplemento Babelia del pasado sábado. Momentos de amistad. Si lo pienso, la cita resulta bastante acertada. Porque yo puedo decir que he vivido intensas batallas de vida con muchos a los que, en algún momento, he considerado mis amigos; pero también es cierto que, ahora, cuando a veces más lo necesito, los observo incomprensiblemente lejos. Será así la vida.Anoche, cuando escribía estas líneas, estaba recordando a un buen amigo, o mejor a alguien con quien compartí determinados momentos de amistad. En aquella época todas las cosas parecían descubrimientos. Siempre hay una primera vez para todo, también para la amistad. Una primera vez para conspirar la revolución camuflados entre los muros de una iglesia; una primera vez para escapar sin pagar de un bar, disfrutando de la adrenalina. También hay tiempo para perder oportunamente la inocencia; después de los descubrimientos siempre llegan los desengaños. Será así la vida.
Cristóbal llegó al Instituto con cara de pocos amigos. La leyenda contaba que había sido expulsado del Ramiro y los profesores aconsejaban evitar su compañía. Pero uno se equivoca si no aprovecha a tiempo la influencia de las malas compañías; ellas controlan el oro, lo prohibido, la Razón de los piratas. Y aquella, sin duda, era de las peores compañías jamás imaginada; todos los juegos reunidos del mal dispuestos para mí, en una sola caja. Lo demás, que es mucho, es ya historia. Todo lo que viene se va y un día, junto al río como siempre, los caminos se partieron. No nos dijimos ni adiós; no hacía falta. Sabíamos con total seguridad que nunca más volveríamos a vernos.
Todavía recuerdo aquella camiseta de Estudiantes que me prestó en una ocasión camino de los vestuarios. Y es que, me van a disculpar, pero yo tengo mis propias debilidades. Por primera vez en su historia Estudiantes se ha clasificado para jugar la final de la ACB de baloncesto: anoche, en la Plaza de la República Argentina saltaban, delfines, los dementes. Cosas tan elementales y tan sencillas como la vida que pasa.
Va por ti, amigo Cristóbal, donde quiera que estés. Será así la vida: el oro, lo prohibido, la Razón de los piratas.
Amigos. Momentos de amistad.
Si no lo cuento, reviento.
FUNDAMENTO:
Tau 84 – Estudiantes 97
Lo dicho: si no lo cuento, reviento.
03/06/2004 13:06 #. Hay 5 comentarios.
06/06/2004
Siesta
(Jornada tras jornada,
forja y mimbre;
calada tras calada
-lo inefable- del universo templo.
A veces en tus manos
la piel desordenada del silencio;
la sed del escorpión, amor,
que con amor da vida, indescriptible,
a los desiertos.)
Estoy en otra cosa: vuelvo enseguida.
FUNDAMENTO:
Lago de los Sueños. Único lago del mundo donde uno puede recibir, mientras pesca, un curso general sobre el segundo principio de termodinámica aplicado a la biología.
En el Lago de los Sueños el viajero puede deducir fácilmente, por ejemplo, que los bovinos son animales atómicos que funcionan igual que las plantas generadoras de energía nuclear de alto rendimiento: sus únicos desechos son abono y la energía que emplean proviene indirectamente del sol a través de las plantas que comen. O bien, maravillado ante el ingenio de la naturaleza, conjurar a las nubes para que asuman formas fantásticas de dinosaurios, gliptodontes y pterosaurios retozando en el cielo.
Para llegar al Lago de los Sueños el viajero debe entrar al hospital que más le guste y sentarse en uno de los sillones de la sala de espera. Allí, con una jeringa muy especial, se procede a inyectarlo dentro de su propio cuerpo. El viajero llega entonces a su corriente sanguínea a bordo de un eritrocito o corpúsculo rojo. Arrojado por la fuerza de la corriente a una playa de músculos, se encontrará con sabios como el padre Mendel Morganstern, cuya inteligencia y conocimientos tienen su origen en la fusión de las cualidades respectivas de los señores Morgan y Mendel, pioneros de la biología y la genética, y del señor Morgenstern, padre de las teorías del azar. Estos profesores presentarán al viajero a doña Enzima, alias señorita Polimerasa ADN (ácido desoxirribonucleico), encargada de las duplicaciones del código genético, una mujer joven vestida al estilo oriental. Mientras se dividen las células, ella tiene delante unas tablillas de arcilla vidriada con las que trata de construir palabras de tres letras recurriendo a todas las combinaciones posibles de un alfabeto de cuatro letras. Si está dispuesto a escucharla, el viajero recibirá la explicación más completa acerca de las matemáticas combinatorias de los genes.
Sin salir del interior de su propio cuerpo, el viajero trepará por los peldaños de la escala del ADN. Al final de ella, verá a un hombre corpulento –inglés a ojos vistas- que lleva una americana estilo blazer con el escudo de la Universidad de Cambridge, y a otra persona bastante desaliñada –indudablemente un americano- calzado con zapatillas de tenis sin cordones. Ambos son biólogos y guiarán al viajero hasta la “doble hélice”. El núcleo de una célula, al igual que sus compartimentos citoplásmicos, puede también ser visitado recurriendo a una pitón gigantesca, llamada “mensajero ADN”, que viaja con movimientos brownianos debido a la agitación molecular de las partículas coloidales en un medio homogéneo de baja densidad.
Explicar cómo el viajero regresa desde las capas más profundas del interior de su cuerpo resulta difícil, pero todavía lo es más hacer lo propio con la presencia allí de personas famosas, como Darwin, por ejemplo, que hará todo lo posible por hacerle saber que recibe ejemplares de algunas revistas científicas modernas, como La Recherche, Scientific American y Les Échos de la Mode. En todo caso, es bien sabido que todos los viajeros que emprendieron ese viaje han regresado sanos y salvos al mundo exterior de ellos mismos.
El viajero también puede visitar otras regiones. Sirviéndose de un ordenador, puede viajar al País que no se ve más que con el ojo de la mente. Transformándose en información codificada, podrá participar en el análisis de las moléculas según el principio de difracción de los rayos X. Conocerá entonces a los habitantes de Planilandia, con quienes podrá intercambiar sus impresiones sobre los universos de dos dimensiones.
George Gamow, Mr. Tompkins inside Himself, Adventures in the New Biology, Nueva York, 1967.
forja y mimbre;
calada tras calada
-lo inefable- del universo templo.
A veces en tus manos
la piel desordenada del silencio;
la sed del escorpión, amor,
que con amor da vida, indescriptible,
a los desiertos.)
Estoy en otra cosa: vuelvo enseguida.
FUNDAMENTO:
Lago de los Sueños. Único lago del mundo donde uno puede recibir, mientras pesca, un curso general sobre el segundo principio de termodinámica aplicado a la biología.
En el Lago de los Sueños el viajero puede deducir fácilmente, por ejemplo, que los bovinos son animales atómicos que funcionan igual que las plantas generadoras de energía nuclear de alto rendimiento: sus únicos desechos son abono y la energía que emplean proviene indirectamente del sol a través de las plantas que comen. O bien, maravillado ante el ingenio de la naturaleza, conjurar a las nubes para que asuman formas fantásticas de dinosaurios, gliptodontes y pterosaurios retozando en el cielo.
Para llegar al Lago de los Sueños el viajero debe entrar al hospital que más le guste y sentarse en uno de los sillones de la sala de espera. Allí, con una jeringa muy especial, se procede a inyectarlo dentro de su propio cuerpo. El viajero llega entonces a su corriente sanguínea a bordo de un eritrocito o corpúsculo rojo. Arrojado por la fuerza de la corriente a una playa de músculos, se encontrará con sabios como el padre Mendel Morganstern, cuya inteligencia y conocimientos tienen su origen en la fusión de las cualidades respectivas de los señores Morgan y Mendel, pioneros de la biología y la genética, y del señor Morgenstern, padre de las teorías del azar. Estos profesores presentarán al viajero a doña Enzima, alias señorita Polimerasa ADN (ácido desoxirribonucleico), encargada de las duplicaciones del código genético, una mujer joven vestida al estilo oriental. Mientras se dividen las células, ella tiene delante unas tablillas de arcilla vidriada con las que trata de construir palabras de tres letras recurriendo a todas las combinaciones posibles de un alfabeto de cuatro letras. Si está dispuesto a escucharla, el viajero recibirá la explicación más completa acerca de las matemáticas combinatorias de los genes.
Sin salir del interior de su propio cuerpo, el viajero trepará por los peldaños de la escala del ADN. Al final de ella, verá a un hombre corpulento –inglés a ojos vistas- que lleva una americana estilo blazer con el escudo de la Universidad de Cambridge, y a otra persona bastante desaliñada –indudablemente un americano- calzado con zapatillas de tenis sin cordones. Ambos son biólogos y guiarán al viajero hasta la “doble hélice”. El núcleo de una célula, al igual que sus compartimentos citoplásmicos, puede también ser visitado recurriendo a una pitón gigantesca, llamada “mensajero ADN”, que viaja con movimientos brownianos debido a la agitación molecular de las partículas coloidales en un medio homogéneo de baja densidad.
Explicar cómo el viajero regresa desde las capas más profundas del interior de su cuerpo resulta difícil, pero todavía lo es más hacer lo propio con la presencia allí de personas famosas, como Darwin, por ejemplo, que hará todo lo posible por hacerle saber que recibe ejemplares de algunas revistas científicas modernas, como La Recherche, Scientific American y Les Échos de la Mode. En todo caso, es bien sabido que todos los viajeros que emprendieron ese viaje han regresado sanos y salvos al mundo exterior de ellos mismos.
El viajero también puede visitar otras regiones. Sirviéndose de un ordenador, puede viajar al País que no se ve más que con el ojo de la mente. Transformándose en información codificada, podrá participar en el análisis de las moléculas según el principio de difracción de los rayos X. Conocerá entonces a los habitantes de Planilandia, con quienes podrá intercambiar sus impresiones sobre los universos de dos dimensiones.
George Gamow, Mr. Tompkins inside Himself, Adventures in the New Biology, Nueva York, 1967.
08/06/2004
Melancolía
Ante la inminencia del impacto, a pesar de que los ojos simulan, muchas veces, como en todas las versiones anteriores del engaño, un colchón de seguridad inexistente, me limito a conservar la calma, vencido y aburrido, a contar las décimas que faltan para acceder a la certeza, a esperar la llegada más sensible de lo que deja marca, sumiso e irritado, justo en el punto exacto. La realidad, dicen algunos. La única virtud posible, me digo, lejos del rompeolas, asomado a la pantalla de los especialistas, es la experiencia, la repetición incansable y duradera de la prueba. Esto es: la melancolía española.
Aunque tal vez la santa de Ávila reconoció en su vida anterior los síntomas de la melancolía, recomendó decididamente que en los monasterios no fuesen admitidas mujeres presas de esta dolencia. Pero con frecuencia la melancolía hacía su aparición entre las monjas, lo que ocasionaba grandes trastornos. Para no caer en los ardides del demonio, santa Teresa decía que era menester doblegar a las melancólicas con el temor, pues el delirio de una sola monja podía inquietar a todo el monasterio: "Si no bastaren palabras, sean castigos: si no bastaren pequeños, sean grandes; si no bastare un mes de tenerlas encarceladas, sean cuatro, que no pueden hacer mayor bien a sus almas”.
Roger Bartra. Melancolía y cultura. Notas sobre enfermedad, misticismo, cortesía y demonología en la España del Siglo de Oro. Melancolía española.
Aunque, a veces, a pesar del castigo, la melancolía no cede, más bien al contrario. Ahora, retorcida en el recuerdo de Normandía, la nuestra, la de nuestros mayores, la que cuenta, más o menos así, Eduardo Pons Prades:
El 24 de agosto de 1944; a las 21.22 horas, llegaban a la plaza del Ayuntamiento de París varios half-track (autos oruga blindados) y un tanque Sherman (el Romilly), que constituían la vanguardia de los ejércitos aliados. Los primeros llevaban, en el morro y en sus flancos, nombres memorables de la guerra de España: Madrid, Jarama, Ebro, Teruel, Guernica, Belchite, Guadalajara, Brunete y Don Quijote. Eran las dotaciones de la 1.., 2.. y 3.. secciones de la famosa IX Compañía (incluso los franceses la llamaban la Nueve), del Regimiento del Chad. Las mandaban el zaragozano Martín Bernal, el madrileño Federico Moreno y el andaluz Montoya, secundados por el catalán Elías (herido en las calles de París por un francotirador), el canario Campos y el valenciano Domínguez. Con el resto de las dotaciones, un total de 36 ex soldados del ejército republicano español. Los cuatro tripulantes franceses del Romilly completaban el destacamento, que, con toda justicia, llamaron los liberadores de París.
Mientras aclaramos las diferentes definiciones del término (¿tristeza?, ¿odio?, ¿desdén?) vuelvo a leer, esta vez en el papel, la historia de Manuel Fernández, guardia de asalto de la República durante la Guerra Civil española, primero derrotado, luego desarmado e internado en un campo de concentración francés, luego enrolado en la Legión Extranjera como arreglo surrealista a su terrible dolor de muelas; más tarde combatiente en Noruega contra los nazis, de nuevo derrotado defendiendo a Francia en 1940, desarmado e internado en un campo de refugiados inglés, reenganchado a las órdenes del Ejército británico, de nuevo en Francia y en la campaña de Bélgica, miembro de la Spanish Company number one, de la compañía llamada por los franceses "La Nueve", a las puertas de París bajo el mando del general Leclerc, entrando finalmente en París el 24 de agosto de 1944. A sus 88 años, rodeado de condecoraciones en un pueblecito de las Ardenas, ¿será este hombre un personaje melancólico? ¿Qué opinará Manuel de la melancolía española?
Apenas el castigo cesa, cede la melancolía. ¿O era al revés? Manuel Fernández, natural de Esfiliana, provincia de Granada, tuvo una vida de soldado, pero yo lo imagino poeta; me gusta pensar que sus ojos guardan, cerrados ante la inminencia del impacto, toda la fuerza que la realidad relata. Cuesta demasiado acceder a la certeza; al cabo de un rato de observarlo el mundo nos pone melancólicos. Pasan los hombres, pero la prueba continúa. ¿Manía de soldados y poetas? En un mundo sin melancolía, escribió Emil Ciorán, los ruiseñores se pondrían a eructar.
Aunque tal vez la santa de Ávila reconoció en su vida anterior los síntomas de la melancolía, recomendó decididamente que en los monasterios no fuesen admitidas mujeres presas de esta dolencia. Pero con frecuencia la melancolía hacía su aparición entre las monjas, lo que ocasionaba grandes trastornos. Para no caer en los ardides del demonio, santa Teresa decía que era menester doblegar a las melancólicas con el temor, pues el delirio de una sola monja podía inquietar a todo el monasterio: "Si no bastaren palabras, sean castigos: si no bastaren pequeños, sean grandes; si no bastare un mes de tenerlas encarceladas, sean cuatro, que no pueden hacer mayor bien a sus almas”.
Roger Bartra. Melancolía y cultura. Notas sobre enfermedad, misticismo, cortesía y demonología en la España del Siglo de Oro. Melancolía española.
Aunque, a veces, a pesar del castigo, la melancolía no cede, más bien al contrario. Ahora, retorcida en el recuerdo de Normandía, la nuestra, la de nuestros mayores, la que cuenta, más o menos así, Eduardo Pons Prades:
El 24 de agosto de 1944; a las 21.22 horas, llegaban a la plaza del Ayuntamiento de París varios half-track (autos oruga blindados) y un tanque Sherman (el Romilly), que constituían la vanguardia de los ejércitos aliados. Los primeros llevaban, en el morro y en sus flancos, nombres memorables de la guerra de España: Madrid, Jarama, Ebro, Teruel, Guernica, Belchite, Guadalajara, Brunete y Don Quijote. Eran las dotaciones de la 1.., 2.. y 3.. secciones de la famosa IX Compañía (incluso los franceses la llamaban la Nueve), del Regimiento del Chad. Las mandaban el zaragozano Martín Bernal, el madrileño Federico Moreno y el andaluz Montoya, secundados por el catalán Elías (herido en las calles de París por un francotirador), el canario Campos y el valenciano Domínguez. Con el resto de las dotaciones, un total de 36 ex soldados del ejército republicano español. Los cuatro tripulantes franceses del Romilly completaban el destacamento, que, con toda justicia, llamaron los liberadores de París.
Mientras aclaramos las diferentes definiciones del término (¿tristeza?, ¿odio?, ¿desdén?) vuelvo a leer, esta vez en el papel, la historia de Manuel Fernández, guardia de asalto de la República durante la Guerra Civil española, primero derrotado, luego desarmado e internado en un campo de concentración francés, luego enrolado en la Legión Extranjera como arreglo surrealista a su terrible dolor de muelas; más tarde combatiente en Noruega contra los nazis, de nuevo derrotado defendiendo a Francia en 1940, desarmado e internado en un campo de refugiados inglés, reenganchado a las órdenes del Ejército británico, de nuevo en Francia y en la campaña de Bélgica, miembro de la Spanish Company number one, de la compañía llamada por los franceses "La Nueve", a las puertas de París bajo el mando del general Leclerc, entrando finalmente en París el 24 de agosto de 1944. A sus 88 años, rodeado de condecoraciones en un pueblecito de las Ardenas, ¿será este hombre un personaje melancólico? ¿Qué opinará Manuel de la melancolía española?
Apenas el castigo cesa, cede la melancolía. ¿O era al revés? Manuel Fernández, natural de Esfiliana, provincia de Granada, tuvo una vida de soldado, pero yo lo imagino poeta; me gusta pensar que sus ojos guardan, cerrados ante la inminencia del impacto, toda la fuerza que la realidad relata. Cuesta demasiado acceder a la certeza; al cabo de un rato de observarlo el mundo nos pone melancólicos. Pasan los hombres, pero la prueba continúa. ¿Manía de soldados y poetas? En un mundo sin melancolía, escribió Emil Ciorán, los ruiseñores se pondrían a eructar.
08/06/2004 18:19 #. Hay 13 comentarios.
11/06/2004
Tiempos de juego y engaño
Santiago Carbonell, Tiempos de juego y engaño, 1996, Óleo sobre lino.A pesar de la ausencia del espejo podemos indicar, aun a riesgo de equivocarnos, que se está llevando a cabo cierta posibilidad de duplicación. Al menos en el gesto: ese brazo estirado que se apoya en un cuerpo o que intenta apoyarse en un cuerpo que se escapa, o parece que se escapa. Universos engendrados, universos paralelos; universos múltiples engendrados por otros universos. Existirían infinitos universos (o eso al menos señalan las teorías cosmológicas modernas), por lo que cabe añadir que en esa disposición infinita alguno de ellos sería idéntico a su doble; o casi idéntico, como en esta pintura. Pero eso el autor no lo sabe (o al menos yo sospecho que no lo sabe), porque cuando habla de su pintura está hablando de la realidad de todos los días, al menos de la que él supone, al menos de la realidad que cree ver y que intenta representar en su trabajo.
Mi relación con la realidad –afirma Carbonell- es de observación precisa, de compartir, de ir buscando luces, sombras. Mi pintura es muy pictórica... Mi forma de trabajar parte de observar la realidad como prima fuente, esta realidad me impacta, me seduce, me gusta y se me queda grabada. Empiezo a pintar partiendo de las ideas, de modelos, de cosas que se van sugiriendo, mancho el cuadro y a partir de la mancha del cuadro es como voy construyendo la pintura. En la primera concepción del cuadro parto de la realidad, en lo demás parto de la misma pintura, es ella la que me ordena por dónde debo de ir caminando....
Santiago Carbonell quiere pintar la realidad (aunque de esto tampoco estoy demasiado seguro) y no le sale, porque la realidad es completamente distinta a como la pinta Carbonell. Y es por ello que el resultado final es completamente distinto de esa realidad, es por ello que, a partir de determinado momento, inevitablemente, es la propia pintura la que templa, la que ordena y la que manda. Los cuerpos que aparecen en las pinturas de Carbonell son cuerpos irreales, muy cercanos a la Idea de "cuerpo" pero tremendamente alejados del cuerpo común de los mortales. Es lo que viene a afirmar, con otras palabras, el filósofo mexicano Jorge Juanes al hablarnos del trabajo de Carbonell:
Lo que se pierde en verosimilitud respecto a la realidad dada que sirve de punto de partida, se gana en fidelidad a la realidad pictórica.
Mi mujer está mucho más gorda, concluirá algún inconsciente, y es que, aunque no se trata de representar la realidad como lo hace siempre Botero, si que parece aconsejable en cambio canjear verosimilitud por verdad, apariencia por materia. Al menos, en algunas ocasiones; cuando vamos al dentista, por ejemplo. Tampoco estoy de acuerdo con Jorge Juanes cuando afirma que la pintura de Carbonell tiene mucho de nostalgia preindustrial, como de reencuentro con las cosas primordiales que hoy quisieran ser olvidadas. Yo creo (y que me perdonen los especialistas) que estamos más bien ante una imagen postindustrial de cuerpos y gestos "danone", la mayoría de ellos observables únicamente en el espacio de la publicidad o de la imagen dramática televisiva. En la realidad, la gente no se comporta como en los cuadros de Carbonell, y mucho menos como en los anuncios publicitarios. La gente de la calle ni ama ni gravita, más bien suda, y se equivoca y se cabrea. También tiene la extraña sensación (la gente de la calle) de estar viviendo en tiempos de juego y engaño, porque cada vez que plantea una pregunta al poder político, al poder económico o al poder mediático, siempre le salen con medias verdades, o con medias mentiras, o lo que es mucho peor: le salen con la existencia de temibles y peligrosas "tramas negras". Con lo que llego a la conclusión definitiva (y que me perdone Carbonell si un día llega a leer esto: se trata tan sólo de un juego y de un engaño) que lo me que más me gusta de esta pintura es su título, porque en el fondo señala el espíritu de una época. Una época, la nuestra, que quizás comienza con los afanes expansionistas de Napoleón (por poner un ejemplo; podrían ponerse muchos otros) y que alcanza su cumbre artística en la charlatanería utilitarista de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, siendo muy difícil determinar si continuará por este camino o decidirá, finalmente, diluirse en el abismo. Una época en la que la realidad no es un cuerpo desnudo que se estira perezoso, sino una ensalada de quarks, leptones y electrones revueltos en colisión permanente. La "partícula divina" (el bosón de Higgs) aún no ha sido encontrada pero, una vez localizada, no duden en abandonar la pintura. Para entonces ya no será necesaria.
11/06/2004 12:39 #. Hay 4 comentarios.
15/06/2004
Abstención
Edward Hopper, Approaching a City, 1946.Aproximarse a la ciudad es entenderlo todo. Alguien está jugando conmigo en un despacho y yo no puedo evitarlo. Hace un tiempo, estas cosas aún estaban en mis manos; pero ahora no, ahora no hay remedio. Atravieso el túnel, la frontera de penumbra, y franqueo una perturbación y una superestructura. Hoy he olvidado lavarme el pelo y mis cabellos parecen haber sufrido una descarga eléctrica. Tampoco me he afeitado; menos mal que siempre permanezco oculto, que puedo permanecer detrás del mostrador ignorando al público. Cada día que pasa tengo el estómago más delicado; todo me sienta mal, en esto tampoco hay remedio. Aunque quizá cuando lleguen las vacaciones pueda poner algo de orden en mis hábitos. Lo primero: desocupar la parte del cerebro más propensa a la vida poética, ¡qué se yo! Rimbaud fue un tipo excepcional, no cabe duda; qué pena que, al final, se quedara sin una pierna. Baudelaire contrajo una sífilis y disfrutó mientras pudo de su novia mulata. (Por cierto, ahora que recuerdo: tengo que devolver los videos porno). Leopoldo Mª Panero, recluido en el psiquiátrico de Las Palmas, es el tipo más cuerdo que conozco; cada vez que abre la boca inventa un planeta. Hoy me quedo con sus gustos musicales: Los Chichos, Alban Berg y Stockhausen. Además, dudo mucho que sepa dónde está Europa y nunca ha tenido la necesidad de escribir un diario. Tengo que recordarle a mi mujer que tenemos pendiente la limpieza dental, que para algo pagamos el seguro del dentista. Ahora mismo; ya llegamos. El día se presenta verdaderamente interesante. ¿A cuánto estará hoy el barril de petróleo? ¿Qué temperatura alcanzará el horno crematorio? Veamos; voy a comprar el periódico. Tengo que tomármelo con mucha calma.
¡Anda, está tarde toca República Checa-Letonia! Tengo que tomármelo con mucha calma: nada de exageraciones.
Ver, oír, y callar.
La locura, los lunes.
15/06/2004 10:59 #. Hay 1 comentario.
23/06/2004
Modelo para armar
Hago verdaderos esfuerzos. Ansiolíticos y antidepresivos por el precio de un paraíso adulterado, artificial y adulterado. La comisión de investigación y los correspondientes análisis de sangre; la biblioteca 11 de septiembre y el aire caliente y oxidado. Anulado por completo, en pleno proceso de deslocalización laboral (y me temo que mental), parece que hubiera olvidado las virtudes terapéuticas de la escritura, la bondad del espejo caritativo que me cuenta lo que yo mismo cuento. Me duele el pecho y no es ninguna metáfora; me aburro y yo no soy, ni mucho menos, un viejo poeta moderno. La lectura, por otra parte, se me escapa por un agujero de la cabeza; nada ni nadie quedan, aunque los renglones pasan como pasan las estaciones, con la velocidad de lo inevitable. No obstante, agradezco las interpretaciones diferentes, los golpes de atención y las llamadas de la inteligencia. Porque yo también soy culpable, al menos en parte. Y en el orden tenebroso de la selva, en el corazón de las tinieblas cotidianas, busco notas seductoras y optimistas en defensa del futuro.
Antonio Escohotado, en Negaciones Metafóricas:
Sé de muchos, en cambio, a quienes compensa la vida tal cual es, lindante siempre con la intemperie y la precariedad, pues la naturaleza humana sólo es ingeniosa cuando aprende a gozar las incertidumbres de su libertad.
Y esta otra, de Peter Sloterdijk, para alumbrar definitivamente el cuaderno y afrontar, cara a cara, el alma del proceso:
Sí, Nietzsche es precisamente el partisano, el profeta de esa riqueza sin mala conciencia a condición, claro está, de no adherir a una concepción estúpida de la riqueza. Sin amor por la riqueza uno se queda siempre en la política del resentimiento.
Tomo notas: hago verdaderos esfuerzos. No sé muy bien a cuento de qué, pero no me quedan fuerzas para ninguna certeza.
Antonio Escohotado, en Negaciones Metafóricas:
Sé de muchos, en cambio, a quienes compensa la vida tal cual es, lindante siempre con la intemperie y la precariedad, pues la naturaleza humana sólo es ingeniosa cuando aprende a gozar las incertidumbres de su libertad.
Y esta otra, de Peter Sloterdijk, para alumbrar definitivamente el cuaderno y afrontar, cara a cara, el alma del proceso:
Sí, Nietzsche es precisamente el partisano, el profeta de esa riqueza sin mala conciencia a condición, claro está, de no adherir a una concepción estúpida de la riqueza. Sin amor por la riqueza uno se queda siempre en la política del resentimiento.
Tomo notas: hago verdaderos esfuerzos. No sé muy bien a cuento de qué, pero no me quedan fuerzas para ninguna certeza.
23/06/2004 10:14 #. Hay 15 comentarios.
25/06/2004
Museo
Turbine Hall, instalación de Olafur Eliasson.Alrededor del sol arden los voluntarios. El Comisario de la Exposición, un joven empresario incapacitado para los negocios, ha dispuesto simultáneamente cuatro salas contiguas, ambientadas con elementos decorativos procedentes de diferentes etapas históricas, y obras de arte donadas generosamente por los más prestigiosos coleccionistas de los cinco continentes. En la primera sala, denominada acertadamente "Sala nº 1", dos desconocidos conversan animosamente sobre la realidad, ignorando ambos, entre otras cuestiones, que son tan sólo personajes de ficción y que el banco en el que están sentados no es precisamente un banco, un simple banco de madera, sino una tormenta universal de llamas y rayos cósmicos. Mientras el público aplaude, nadie protesta; pero a veces, coincidiendo con los primeros desfallecimientos, los visitantes japoneses se amotinan y es necesaria la presencia de Protección Civil, que procede al cierre de la Sala y a la expulsión de los amotinados. En la "Sala nº 2", dedicada a la prostitución, yo mismo corro desnudo y agitado, armado con yelmo y sable justiciero, cortando cabezas de amapola y gemelas turcas. La "Sala nº 3" y la "Sala nº 4" permanecen cerradas por obras; los obreros de la construcción desconocen la importancia de Roy Lichtenstein en la historia del Pop Art, pero se saben en cambio una de Porrina que quita el hipo. Aunque no es Navidad en el Corte Inglés todo se andará, nadie lo pone en duda; nada ha cambiado porque la televisión sigue siendo la misma, los documentales de la 2 siguen siendo los mismos. Algunos, sin embargo, metabolizamos la grasa adelgazando como perros; otros, por su parte, iluminan la Nave Central resplandeciendo como Dioses. Los japoneses, finalmente, se han resignado y, muy a su pesar, serán extraditados; un obrero de Linares ha perdido el conocimiento y espera su momento, cautivo y desarmado. Alrededor del sol (ahora que nadie mira) arden los voluntarios. Los muertos, mientras tanto, se divierten contando chistes de esquimales.
25/06/2004 08:58 #. Hay 7 comentarios.
29/06/2004
Interiores
Lo habitual, desde un principio, a pesar de los múltiples consejos y del esfuerzo decidido de los viejos maestros, ha sido la carga y la constancia de la ausencia, el equipaje provisional y espontáneo al borde siempre de la desaparición, el jardín de los senderos que se bifurcan equivocados y con pésimo gusto, con desarrollo algo confuso y final desesperado, mal asimilado. Por eso la palabra sistema (descartada en principio por culpa de las lecturas precipitadas) cobra ahora un valor sorprendente, casi inesperado. El aprendiz deberá aceptar un sucedáneo de método si no quiere verse abocado al fracaso; deberá tomar notas y permanecer atento a la estructura incipiente de su pensamiento, a la habitabilidad escasa de cierta arquitectura.
A parte de la conversación, la principal utilidad de este cuaderno depende ahora de una dedicación polivalente y una mecánica constante. Son elementos de una física que quiere tratar abiertamente con la realidad pero nunca lo consigue. Algo impide la opinión concreta, el compromiso y la cercanía; el dialogo se precipita invariablemente por escombreras inermes, sin otra solución de continuidad que un pacto puntual con el diablo. Otros, mientras tanto, prefieren hablar más claro para ser entendidos, en un lenguaje útil, económico y científico; el aprendiz, en cambio, habla para sí mismo, sujeto a sí mismo, observándose a sí mismo. Pero nada ni nadie puede negarle su necesidad y su derecho al entendimiento, a la comprensión transparente de sí mismo. Aunque esto le impida a menudo el reconocimiento de cualquier futuro posible; aunque esto le niegue habitualmente la posibilidad de ser entendido.
Al fin y al cabo, por diferentes caminos (caminos y senderos que se bifurcan) puede llegarse a la misma y definitiva resolución. Antes y después de la comisión de investigación, y dejando al lado el dolor de las victimas y las futuras revelaciones, una sentencia marca con fuerza el territorio de tránsito: el negocio –dice- es el negocio. Y aplicada la sentencia a conflictos tan cercanos, no se entiende bien que no pueda aplicarse allí donde el oro negro riega los campos de secano, los duros desiertos fronterizos, las tierras de la civilización antigua. O allí donde las sardinas cruzan las rías o la tramontana despeina a los artistas. ¿Por qué los hombres allí, educados en el mismo juego, tendrían que comportarse de manera diferente? En Bilbao, Washington, Riad o Moscú ¿es otro el guión del espectáculo?
¡Claro que juegan con nuestro odio! El profesional domina un oficio que el outsider apenas roza con sus dedos; pero la interpretación de la realidad está abierta a todos porque todos sufrimos su terca repetición y su eficacia obsesiva. Cuando oímos hablar a alguien en el despacho de al lado, cuando acertamos a escuchar sus palabras, estamos asistiendo, una vez más, a la representación de una mentira. El nivel de poder, en este caso, es mínimo. ¿Se imaginan ustedes el nivel de mentira que se corresponde exactamente a un aumento del nivel de poder? ¿Se imaginan, acaso, las conversaciones generadas en las alturas, el lenguaje formativo de las decisiones, de su prolongación en los medios de comunicación? El Mercado nos acoge en su seno y mece la cuna con mano nihilista. ¿Qué método o sistema permitirá escapar de esta cercanía, de esta terrible repetición que se repite aquí hasta la extenuación?
Escribe Peter Sloterdijk (primera anotación del método):
Hay que distinguir el pesimismo metodológico del pesimismo existencial. El pesimismo metodológico se impone porque pensar en lo peor es la base misma del análisis. Pero el oficio de profesor consiste en pensar en lo peor llevando una vida feliz. Yo he ensayado mucho, como personaje psicológico que soy, para estar tan desesperado como las teorías que conservaba de los maestros de nuestra generación... Me han hecho falta veinte años para descubrir que soy capaz de meditar sobre lo peor adoptando una actitud existencial orientada a la felicidad. Pues el deber del hombre es ser feliz. Si se quiere escapar de la trampa del resentimiento, hay que desear la felicidad.
Aunque, a pesar de todo, la voluntad invite a esa actitud que reconoce este mundo a distancia legítima de otros mundos (ahí queda la contradicción), más allá de la visión victimista de la realidad, más allá del sentido cristiano o marxista del concepto anticomercio, de ese "pecado" que algunos denominan desigualdad de rentas, siempre queda la propia e intransferible experiencia. Y, descartado por nocivo el resentimiento, la experiencia (el aprendiz) se apoyará en imágenes a la espera de tiempos mejores (segunda anotación del método), cerrando un círculo vicioso de transformación intacta, necesaria, personal e incomprensible, una locura de despropósitos sin trayectoria definida pero de un optimismo libertario.
A propósito de las teorías estéticas de Charles Baudelaire (Baudelaire y el artista de la vida moderna) escribe Félix de Azúa:
El resumen de sus teorías es, por otra parte, esta frase del Salon de 1846: "El mejor comentario de una pintura bien podría ser un soneto o una elegía", opinión que hace saltar por los aires el castillo teórico, que propone con toda sencillez una especie de producción continuada, y el silencio sobre lo improductivo.
Anotaciones al margen que el aprendiz hace suyas como herramientas calientes. Ahora sólo queda desliar este lío y seguir trabajando. El aprendiz ahora cree en él mismo, sólo en él mismo. A pesar de todo.
A parte de la conversación, la principal utilidad de este cuaderno depende ahora de una dedicación polivalente y una mecánica constante. Son elementos de una física que quiere tratar abiertamente con la realidad pero nunca lo consigue. Algo impide la opinión concreta, el compromiso y la cercanía; el dialogo se precipita invariablemente por escombreras inermes, sin otra solución de continuidad que un pacto puntual con el diablo. Otros, mientras tanto, prefieren hablar más claro para ser entendidos, en un lenguaje útil, económico y científico; el aprendiz, en cambio, habla para sí mismo, sujeto a sí mismo, observándose a sí mismo. Pero nada ni nadie puede negarle su necesidad y su derecho al entendimiento, a la comprensión transparente de sí mismo. Aunque esto le impida a menudo el reconocimiento de cualquier futuro posible; aunque esto le niegue habitualmente la posibilidad de ser entendido.
Al fin y al cabo, por diferentes caminos (caminos y senderos que se bifurcan) puede llegarse a la misma y definitiva resolución. Antes y después de la comisión de investigación, y dejando al lado el dolor de las victimas y las futuras revelaciones, una sentencia marca con fuerza el territorio de tránsito: el negocio –dice- es el negocio. Y aplicada la sentencia a conflictos tan cercanos, no se entiende bien que no pueda aplicarse allí donde el oro negro riega los campos de secano, los duros desiertos fronterizos, las tierras de la civilización antigua. O allí donde las sardinas cruzan las rías o la tramontana despeina a los artistas. ¿Por qué los hombres allí, educados en el mismo juego, tendrían que comportarse de manera diferente? En Bilbao, Washington, Riad o Moscú ¿es otro el guión del espectáculo?
¡Claro que juegan con nuestro odio! El profesional domina un oficio que el outsider apenas roza con sus dedos; pero la interpretación de la realidad está abierta a todos porque todos sufrimos su terca repetición y su eficacia obsesiva. Cuando oímos hablar a alguien en el despacho de al lado, cuando acertamos a escuchar sus palabras, estamos asistiendo, una vez más, a la representación de una mentira. El nivel de poder, en este caso, es mínimo. ¿Se imaginan ustedes el nivel de mentira que se corresponde exactamente a un aumento del nivel de poder? ¿Se imaginan, acaso, las conversaciones generadas en las alturas, el lenguaje formativo de las decisiones, de su prolongación en los medios de comunicación? El Mercado nos acoge en su seno y mece la cuna con mano nihilista. ¿Qué método o sistema permitirá escapar de esta cercanía, de esta terrible repetición que se repite aquí hasta la extenuación?
Escribe Peter Sloterdijk (primera anotación del método):
Hay que distinguir el pesimismo metodológico del pesimismo existencial. El pesimismo metodológico se impone porque pensar en lo peor es la base misma del análisis. Pero el oficio de profesor consiste en pensar en lo peor llevando una vida feliz. Yo he ensayado mucho, como personaje psicológico que soy, para estar tan desesperado como las teorías que conservaba de los maestros de nuestra generación... Me han hecho falta veinte años para descubrir que soy capaz de meditar sobre lo peor adoptando una actitud existencial orientada a la felicidad. Pues el deber del hombre es ser feliz. Si se quiere escapar de la trampa del resentimiento, hay que desear la felicidad.
Aunque, a pesar de todo, la voluntad invite a esa actitud que reconoce este mundo a distancia legítima de otros mundos (ahí queda la contradicción), más allá de la visión victimista de la realidad, más allá del sentido cristiano o marxista del concepto anticomercio, de ese "pecado" que algunos denominan desigualdad de rentas, siempre queda la propia e intransferible experiencia. Y, descartado por nocivo el resentimiento, la experiencia (el aprendiz) se apoyará en imágenes a la espera de tiempos mejores (segunda anotación del método), cerrando un círculo vicioso de transformación intacta, necesaria, personal e incomprensible, una locura de despropósitos sin trayectoria definida pero de un optimismo libertario.
A propósito de las teorías estéticas de Charles Baudelaire (Baudelaire y el artista de la vida moderna) escribe Félix de Azúa:
El resumen de sus teorías es, por otra parte, esta frase del Salon de 1846: "El mejor comentario de una pintura bien podría ser un soneto o una elegía", opinión que hace saltar por los aires el castillo teórico, que propone con toda sencillez una especie de producción continuada, y el silencio sobre lo improductivo.
Anotaciones al margen que el aprendiz hace suyas como herramientas calientes. Ahora sólo queda desliar este lío y seguir trabajando. El aprendiz ahora cree en él mismo, sólo en él mismo. A pesar de todo.
29/06/2004 13:14 #. Hay 2 comentarios.



